Día de los trabajadores. Para celebrarlo escribo esta entrada sobre cuatro cosas relacionadas y que he leído y escuchado recientemente:
Cosa 1: El ingeniero del GPS
La penúltima página de
la Vanguardia de los domingos siempre retrata a alguna persona que ha sido noticia o ha logrado algo digno de ser reseñado en el ámbito empresarial.
En la de
éste último domingo la historia iba de un emprendedor que tras mucha lucha y
bla bla bla había conseguido levantar una empresa tecnológica que da trabajo ahora a 64 personas.
Hasta aquí más de lo mismo (no le quito mérito, la historia es realmente remarcable pero no es novedosa).
Lo que me llamó la atención y por eso lo traigo a colación, es que cuando en la entrevista abordan el tema de contratar personal, el entrevistado suelta lo siguiente (textual):
de cada 20 candidatos que entrevisto, podemos aprovechar dos o tres. El nivel técnico y personal de los jóvenes es bajísimo. Cuando les veo, pienso: esta persona no puede representar a mi empresa. Eso no pasa en Francia o Alemania, allí los jóvenes se compran un traje para ir a las entrevistas de trabajo. Aquí suerte tienes si no te ponen los pies encima de la mesa.
Sin entrar en el fondo de la cuestión (la baja preparación y actitud de las nuevas generaciones y que en parte percibo también), no me gusta nada el
tonillo que utiliza, empezando con el verbo
aprovechar para referirse a los candidatos (¿estaría pensando en realidad en su conjugación reflexiva - es decir
aprovecharse?).
Luego está lo del traje (y lo dice uno que lo lleva puesto de 8 a 21, de lunes a viernes), si uno de sus criterios de contratación es si lleva traje o no, pues vaya empresario... no se que estará buscando pero se está perdiendo, seguro, una buena parte de candidatos con talento... y más en el entorno de alta tecnología.
Cosa 2: Un cadáver en la oficina
También en
La Vanguardia del pasado domingo pero en su suplemento de
dinero. Se reseña un libro de
David Bolchover llamado
los muertos vivientes (
the living dead) que analiza la desmotivación de los trabajadores en las grandes corporaciones. Si la reseña es fiel reflejo del libro vale la pena comprarlo porque lo que se narra es como para leerlo y retenerlo.
Empieza con una anécdota, real, triste e indignante, de cómo un empleado de una auditoría finlandesa se murió en su mesa de trabajo y sus compañeros tardaron en darse cuenta
dos días (!). Ni sus compañeros hablaban mucho con él ni sus jefes contaban con su trabajo - trabajador típico de gran corporación que no se sabe muy bien qué hace, ni en qué invierte su jornada laboral, ... ni a nadie le importa.
Sigue con datos como que según
Spysoftware (empresa que vende aplicaciones de monitorización de uso de las estaciones de trabajo y redes) el 70% de las páginas porno de Internet se visitan durante la jornada laboral y que un 7,2% de trabajadores americanos envían más de 20 e-mails personales durante su horario laboral.
Aunque el énfasis el libro no lo hace en los que se
escaquean sino en esa inmensa masa de gente que sufre un tedio sin sentido y desmotivación subsecuente. Personas que se aburren profundamente pero que están atrapadas en una agradable (falsa en mi opinión) seguridad financiera y cuyo talento es desperdiciado.
Hay una frase en la reseña que me resulta demoledora:
hay millones de personas que no hacen nada, pero reconforta saber que la mayoría de ellos tienen trabajo.
El
ABC también lo reseña.
Cosa 3: Oído en la radio
Lo he oído en una emisora de radio hoy mismo aunque no recuerdo en cuál. Según no se que encuesta reciente, el principal motivo que tienen los trabajadores para continuar en su puesto actual es el
buen ambiente y los compañeros.
Según la misma encuesta, el principal motivo para cambiarse es el aumento de sueldo.
Vamos, que todo tiene un precio.
Cosa 4: Respice finem (*) Excelente entrada de
Antonio España en su
blog. Antonio es un exitoso profesional en una multinacional importante, está muy orgulloso y frecuentemente hace gala de ello. Como muestra la mencionada entrada, donde se rebota contra esos
emprendedores que miran por encima del hombro a los que prefieren seguir trabajando por cuenta ajena.
Toda la entrada me parece una reflexión imprescindible y que vale la pena leer y releer porque recoge de una forma que me parece muy inteligente, directa y clara ese dilema de
emprender o
no emprender, reivindicando que
no emprender es una opción legítima que en ningún caso ha de asociarse a que el
no-emprendedor es un
apático cagueta acomodaticio (son sus palabras).
De verdad que recomiendo su lectura detenida - hay mucho contenido y de peso.
(*) En todas las cosas ten presente el fin
